De un local de 3x3 a superar los $1.500 millones anuales
Resumen
Arturo Molina, CEO de Unicarpas, ilustra la resiliencia del espíritu emprendedor colombiano, llevando su empresa de un humilde local de 3x3 metros a un negocio próspero con ventas mensuales de $150 millones, a pesar de obstáculos y crisis.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
La historia de Unicarpas. En el mundo de los negocios, las historias de resiliencia suelen ser las que mejor encapsulan el espíritu emprendedor colombiano. Arturo Molina, un boyacense que llegó a Bogotá con apenas 16 años, es el vivo ejemplo de ello.
Hoy, como CEO de Unicarpas, no solo dirige una empresa que proyecta ventas superiores a los $150 millones de pesos mensuales –su punto de equilibrio–, sino que celebra un crecimiento del 30% en sus ventas en 2024 comparado con el año anterior, según confirmó en entrevista exclusiva con Forbes.
La travesía de Molina comenzó en 2011, cuando desembarcó en la capital tras una infancia en el campo. Su primer empleo fue en una empresa de carpas, donde en un año, según relata, absorbió todo el conocimiento del oficio.
“Aprendí a coser, a vulcanizar, a cortar y a vender”. Con esos ahorros, arrendó por $800.000 pesos un local de 3x3 metros cuadrados, compró un escritorio, un computador e inició lo que hoy es Unicarpas. “El arriendo era mi gasto más verraco, más difícil de conseguir”, recuerda Molina.
El camino estuvo lejos de ser lineal. Su primer gran tropiezo fue una venta de 10 carpas que, por un error de corte, resultaron defectuosas. “Yo estaba atrasado como en tres meses de arriendo. Ese era mi negocio que supuestamente para ponerme al día… En ese momento me dije: no sigo, no soy capaz”, confiesa Molina.
Punto de Inflexión
Tomada la decisión de cerrar un viernes, el destino golpeó su puerta el lunes siguiente. Un cliente le encargó 300 carpas y, como parte de pago, le entregó una máquina selladora de lona, una herramienta que en ese momento le resultaba inalcanzable. “Fue el revulsivo que necesitaba”, afirma.
Ese fue el punto de inflexión que marcó el despegue, aunque no exento de más adversidades. La empresa fue robada en dos ocasiones; en una de ellas, los ladrones “desocuparon” todas sus herramientas, computadores e incluso un televisor, obligándolo a empezar de cero una vez más. El año pasado, una estafa “grandísima” les hizo perder “mucho dinero porque nos pusimos a confiar en personas”. Cada vez, la respuesta fue la misma: levantarse.

Hoy, tras 12 años, Unicarpas ha transformado esa esquina inicial en un edificio de tres pisos en Bogotá, más una bodega anexa. El primer piso alberga ventas y bodegaje; el segundo, una moderna zona de impresión digital para marcar lonas, y el tercero, la confección con técnicas que, asegura Molina, “en la competencia nadie las usa”. La bodega contigua concentra ornamentación, soldadura y un horno de pintura electrostática, consolidándose como “la única empresa de la zona que tiene toda la infraestructura” para fabricar una carpa completa.
El portafolio de Unicarpas es vasto. “Desde hacer una sombrilla hasta cubrir un coliseo, lo hacemos”, señala el CEO.
Su producto estrella son las carpas tipo kiosko, omnipresentes en calles y obras, seguidas de cerca por las cubiertas tipo hangar, que han encontrado un nicho explosivo en el auge del pádel, cubriendo canchas en múltiples ciudades del país. También fabrican carpas retráctiles para piscinas, membranas arquitectónicas para proyectos urbanos y mobiliario en madera.
“Donde nos llamen, allá estamos”
Su clientela es tan diversa como su catálogo. Entre sus compradores recurrentes figuran desde gigantes industriales como Pintulán y Cerámicas Italia hasta entidades estatales como alcaldías, gobernaciones, la Policía, el Ejército y el Acueducto de Bogotá.
Un hito que marcó un antes y un después fue el contrato con la cadena Justo & Bueno en 2018, un año económicamente ‘muy malo’. “Ellos abrieron más de mil tiendas y nosotros fuimos los únicos que iniciando les hicimos todas las carpas”, revela Molina, un proyecto que los sacó de una crisis severa.
Con una operación que cubre todo el nacional (“donde nos llamen, allá estamos”) y un equipo de 20 colaboradores –que incluye a su esposa, dos de sus hermanos y una sobrina–, Molina atribuye su éxito a una fórmula simple pero poderosa: “La única forma que tenemos para competir es la calidad y en eso nos enfocamos demasiado, en cuidar la calidad, en cuidar a los clientes, en prestar un excelente servicio”.