Crear un museo con hombres y mujeres ilustres de Santander es su trabajo futuro

Crear un museo con hombres y mujeres ilustres de Santander es su trabajo futuro

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by Danilo Pérez

Samuel Arenas Guissa es un hombre con una vida feliz y sinigual

Fijó su residencia en  Los  Santos, Santander, el ‘municipio paradoja’, porque está rodeado de agua, el pueblo no cuenta con acueducto.

Hablar con Samuel Arenas Guissa, hombre  de origen santandereano, es adentrarse en recovecos que conducen a  la historia, las anécdotas, las vivencias personales o familiares, del trabajo, la vida pública  y el trasegar por diferentes cargos que le han hecho conocer, de raíz a hombres  y  mujeres ilustres de Santander.

Abogado, deportista de élite, escritor, exdiputado, exsecretario de Tránsito de Bucaramanga, exconcejal de Los Santos, miembro de la Academia de Historia de Santander y trabajador en empresas del sector privado en Bogotá, no vendió corbatas en su tiempo libre, porque no tuvo tiempo libre, además, asegura que no está viejo, sino un poco usado.

La hoja de vida de Samuel Arenas Guissa parece interminable. Él, sin embargo, asegura que aún conserva pendientes. En diálogo con Diario EL FRENTE nos contó sobre espacios de su trasegar por la vida  y los proyectos a futuro en Santander

Doctor Arenas, ¿qué le falta por hacer en la vida?

“Deseo continuar mi tarea literaria. Tengo un libro casi terminado, va en un 80 o 90%. Además quiero fortalecer el camino de las historias orales. García Márquez afirmó en Vivir para contarla, página 418, renglón 18, que las historias orales reemplazarían algún día a las escritas o las harían más agradables. Él llamó a eso la ‘ficción de la ficción’”.

¿Hoy, con los audiolibros, el lector se acerca al autor de otra manera?

“Sigo amando el libro físico, el papel y la tinta, pero también disfruto escuchar un buen relato. Con la Editorial Libro Total hemos realizado jornadas de historias orales. En abril exhibiré tres relatos acompañados de música en un acto cultural que rescata el mundo que se fue”.

Usted estudió Derecho, pero su vida profesional abarca muchas áreas. ¿Cómo terminó dentro de la literatura?

“Mi camino comenzó en el deporte, a los 12 o 13 años”.

¿Qué deporte practicaba?

“Atletismo. En el Colegio Agustiniano me invitaron a correr 100 metros en el otrora estadio Alfonso López. Fui el último, bastante atrás. Me prometí regresar para ser el mejor. Y así ocurrió: fui el mejor del Colegio de Santander y luego competí en exatlón. Logré ser el mejor exatlonista juvenil de Colombia en dos ocasiones”.

¿Cuál era su tiempo en los 100 metros?

“Corría 10.8 segundos. Hice los 400 en 48 segundos y los 800 en 1’53 o 1’54. Rematé un Campeonato Nacional en Cali y vencimos a Antioquia. Hasta tuve el récord sudamericano del exatlón. En competencias nacionales siempre participé en esa disciplina y nunca perdí en Santander ni en el país”.

¿Qué le dejó el deporte para la vida?

“Me dio disciplina. Me alejó de los vicios. No he fumado un cigarrillo ni me he emborrachado. En mi finca, en la Mesa de Los Santos, disfruto un whisky al mediodía mientras cuido mis plantas y acompaño a mis perros, pero jamás he tenido exceso alguno. Esa disciplina me llevó a ser uno de los mejores estudiantes de Derecho”.

¿Fue el mejor en todo lo que hizo?

“En el colegio no. Fui un alumno normal. En la Universidad sí fui de los mejores. Nunca perdí una materia, a pesar de los viajes por competencias deportivas. Organicé conferencias con juristas de altísimo nivel. José Emilio Valderrama, Carlos Augusto Noriega, Jaime García Parra y Augusto Espinosa Valderrama nos acompañaron gracias al apoyo del Padre Prada Dietes, quien aún vive”.

En política conoció a muchos líderes nacionales…

“A todos. A los 18 o 19 años ya era cercano al expresidente Misael Pastrana Borrero. Fui vicepresidente nacional de las juventudes conservadoras. También tuve cercanía con Carlos Augusto Noriega, Humberto Silva, Jaime Trillos Novoa, Óscar Martínez Salazar, Enrique Barco Guerrero, Mario González Vargas, Alfonso Gómez Gómez, Rafael Serrano Prada, Alejandro Gálvez Ramírez, Rodolfo González García, Ciro López Mendoza, Darío Marín Vanegas, Luis Carlos Galán y Belisario Betancur. Con todos tuve relación”.

¿Cómo observa a Colombia hoy?

“Con enorme tristeza. Siento dolor de patria, pero conservo esperanza. El país puede corregir su rumbo si los dirigentes dejan los egos a un lado. Necesitamos democracia, libertad, regreso de las empresas y oportunidades claras para la gente”.

¿El país está más afectado por los egos que por la política aplicada?

“Colombia atraviesa una situación crítica por errores en la conducción del país y por la corrupción. Y sí, los egos agudizan la crisis. Hoy existen 107 aspirantes a la presidencia. Es absurdo. Deben unirse en un frente común. Los expresidentes y líderes nacionales deben encabezar ese proceso. Si eso ocurre, el país saldrá adelante”.

¿Qué época fue mejor para usted?

“La niñez. Viví en la Mesa de Los Santos entre ganado, cultivos, perros, aves. No necesitábamos nada. Mi madre cargaba ropa cinco kilómetros para lavarla. Era una fiesta. Mi padre, Don Samuel, era un contador de historias extraordinario. La felicidad se basaba en lo simple”.

¿La modernidad destruyó esos sueños infantiles?

“La modernidad trae maravillas como las comunicaciones. Pero también arrasó costumbres que fortalecían el espíritu”.

Le dije que para mí los fósforos son el mejor invento  de la Humanidad y usted está de acuerdo con eso, ¿por qué?

“Y lo sostengo. Mi hermano Alberto recorría enormes sabanales a caballo. Un día encendió un cigarrillo y luego dejó una cerilla en el pasto. Eso provocó incendios gigantescos. Un día dijo, ‘qué poder tan grande el de la cabeza de un fósforo’. Tenía razón. Con un fósforo se enciende una estufa, se ilumina un hogar o se destruye todo”.

Para cerrar Doctor Samuel Arenas, con todo lo vivido, ¿qué desea que recuerde el lector?

“Que Colombia necesita disciplina, como en el deporte. Necesita unión. Necesita humildad. El país se salva con trabajo y sin egos”.

“Un país puede sentir sed, como Los Santos. Pero también puede encontrar agua si deciden cavar juntos”, esa frase es el mejor colofón a esta charla con Samuel Arenas Gussa.

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por Danilo Pérez
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