Segundas, terceras…las oportunidades que sean necesarias
Resumen
Durante la Cátedra de paz, reflexionamos sobre la violencia y el impulso humano, discutiendo si somos buenos o malos por naturaleza. Se concluyó que las segundas oportunidades son esenciales, pues no nacemos buenos ni malos; son los contextos los que moldean nuestras actitudes.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Tuve el honor de ser invitado a la Cátedra de paz organizada por las Unidades Tecnológicas de Santander. Alrededor de doscientas personas, entre estudiantes y docentes, logramos comprender que es violencia, y las rutas probables de alcanzar una paz.
Por Rodrigo González Márquez
Repasamos a grandes pensadores como Galtung, recordamos acciones de Gandhi y Luther King, y evocamos la paradoja de Einstein: “si todos, absolutamente todos, somos conscientes de lo perjudicial que es la violencia, ¿por qué, inexplicablemente, sigue existiendo?” Un espacio de gran nutrición intelectual alrededor de una necesidad urgente: gestar una cultura de paz.
Ad portas del final, dos intervenciones me forzaron a una pausa, una introspección obligada. Fue necesaria, altamente necesaria, pues las posibles respuestas no daban cabida a citar grandes pensadores, o a darle rienda suelta e irresponsable a la retórica. Eran preguntas de confrontación, teledirigidas a un ejercicio agudo de razonamiento moral.
La primera apelaba al clásico debate entre Rousseau y Hobbes: ¿las personas somos buenas o malas profe? Fácil citar al par de gigantes intelectuales, pero no era sincero depender de avemarías ajenas. Los planteamientos freudianos afloraron y logré encontrar algo aceptable: “somos seres eternamente atados a impulsos, efecto de lo que la vida nos va poniendo al frente”.
Proseguí con una herramienta básica de la noviolencia…”de la trayectoria intelectual que transite entre éstos (los impulsos) y la acción a ejecutar, depende el darle cabida a la violencia, que es completamente evitable, lo que nos lleva a asegurar que no somos malos por naturaleza, solo hay que afinar las herramientas: la razón, la moral, la cultura”.
Tras la superada prueba, aterrizó la pregunta que hizo emular un deshielo en mi frente: “usted dice que ha ido a muchas cárceles…sería capaz de darle una segunda oportunidad a todos los que están allí recluidos? Me sentí observado, no por 200 pares sino por infinitos ojos, impávidos, además. La respuesta políticamente correcta era “si”, con vehemencia, además.
Imaginé mil rostros conocidos en aquellas visitas; muchos me habían compartido su pasado, las causales de estar allí, aislados por de la normalidad por una orden judicial, algunas de “alto calibre moral”. No era sencillo pronunciar el “sí”. Finalmente, volví la mirada a los ojos que originalmente escrutaron; falto de vehemencia, pero con aceptable seguridad, estructuré una respuesta: “los caminos transitados por cada persona tienen una característica, casi axiomática: son incomparables.
Cada uno nace con una libertad inmerecida pero propia, que acarrea un peso existencial (por ese peso no digo “goza de libertad”, en eso concuerdo con Kundera). No conozco en detalle los caminos recorridos por aquellos rostros, y aún sí los conociera en minucia, soy incapaz moralmente de juzgarlos. Tal vez por incapacidad, o tal vez por mirar la justicia como un intento fallido de la humanidad por imponer el orden (ese bendito orden usado como caballito de batalla por falsos mecías en épocas electorales).
Creo firmemente que, en definitiva, todos y cada uno de quienes están allí merecen intentarlo nuevamente, no solo una segunda, sino muchas veces más; porque los seres humanos no nacemos buenos ni nacemos malos; las situaciones, inequidades, y un sinfín de contextos se dan a la tarea de moldear actitudes, de aceptar como normal lo malo, de culturizar la violencia.
Pero siempre habrá espacio para corregir, y para que un ser humano, tenga el pasado que tenga, pueda al menos rozar momentos de calidad, de vivir; solo por eso, ya vale la pena seguir dando oportunidades.
Memento Mori: Nada está escrito, nada es seguro, nadie está exento. La fortuna o infortuna está ahí, a escasos metros de tocar nuestra puerta y ser recibidas con los brazos abiertos, ignorantes pero abiertos.
* Exdefensor Regional para Santander y Magdalena Medio. Docente y Consultor en manejo de conflictos X: @rodrygonzalezma