Para quienes ayudan a dar sentido a nuestra existencia

Resumen

Las relaciones que elegimos influyen en nuestro rumbo; no determinan todo, pero sí moldean quiénes somos y cómo vivimos.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Jaime Leal Afanador
Para quienes ayudan a dar sentido a nuestra existencia

Según la forma como vemos la vida y las relaciones con los demás, las personas que nos rodean representan un invaluable tesoro que ilumina nuestra existencia o, por el contrario, una pesada carga difícil de llevar.

No pudimos escoger el lugar, la familia y el entorno en el que nacimos. No importa si fue el destino, Dios, la suerte, la Providencia, un espíritu inefable o cualquier otra razón … Es un hecho y nadie puede hacer nada para cambiar sus orígenes, pese a que esa raíz haya determinado, en mucho pero no en todo, nuestra vida.

La forma como valoremos que dicha “cuna” en la que nos hayamos criado haya sido de oro o de oropel, por los beneficios, comodidades y oportunidades tenidas, podemos sentirnos más afortunados o desdichados. Pero sostener o cambiar esa percepción deja de ser atribuible a las condiciones del entorno como llegamos al mundo, porque el rumbo a seguir comienza a ser una responsabilidad individual desde el momento en que comenzamos a tomar conciencia de ser responsables de nuestro destino, aquel que lo construimos en el día a día.

Y con el pasar del tiempo, nuestro entorno adquiere nuevas dimensiones y las relaciones con quienes nos rodean varían, se enriquecen o pueden deteriorarse. En la calle, el trabajo, el estudio, la familia, los conocidos y hasta con personas que nunca imaginamos, construimos nuestras vidas y, a su vez, nosotros aportamos al proyecto de ellos. Recíprocamente incidimos para enriquecer o, tristemente, para opacar la existencia propia y la ajena.

De allí el sabio aforismo de “dime con quién andas y te diré quién eres”, pues el volumen, intensidad, características, resultados y finalidades de nuestras relaciones también nos definen.

 Una persona virtuosa siempre buscará rodearse de seres que generen valor, amistad, confianza, aprendizaje, solidaridad, liderazgo… dentro de una relación sinérgica de gana – gana.

En cambio, una persona ambiciosa, sin metas definidas, secuestrada por el vicio, autocomplaciente, materialista y egoísta, difícilmente se rodeará de personas de valor y amigos verdaderos comprometidos con la lealtad, la paz, la convivencia y el respeto.

Aunque el entorno en el que nacimos influye en nuestro presente, esto no es del todo determinante. Prueba de ello es que hay personas nacidas en hogares complejos, sin uno o ambos padres, en situación de extrema necesidad y violencia, que han logrado superar la adversidad y son líderes, ejemplo de valor y de superación. Por el contrario, también sabemos de quienes han torcido su camino, caído en el vicio, desprestigiados por sus conductas o llevados por la ambición, destruyendo sus vidas y la de los suyos.

Quienes nos rodean pueden constituir peldaños en la escalera de nuestra vida. Tanto para ascender como para descender. Han llegado a nosotros porque las hemos buscado o nos han buscado porque quieren estar a nuestro lado. El o los valores y sueños que compartamos son el “pegante” de esa convivencia. Bien lo señaló el orador motivacional norteamericano, Jim Rohn: “somos el promedio de las cinco personas con las que más tiempo pasamos”.

Cada uno de nosotros decide libremente con qué personas y cómo invertimos nuestros valores, energías y tiempos. Eso sí, debemos tener en cuenta que, así como aquellos con quienes nos relacionamos reciben nuestra dosis de vitalidad o de fatalidad, nosotros también debemos saber aprovechar sus “buenas vibras” o definir hasta dónde podemos convivir o no con sus aportes negativos.

El mundo es una policromía con toda la escala de colores de blanco a negro, y cada persona tiene una tonalidad diferente. Depende de cada uno de nosotros identificar cuál es nuestro color y de qué manera este ilumina o apaga la existencia común.

Y porque a diferencia del entorno en el que nacimos, cada uno de nosotros sí es responsable de garantizar que nuestros hijos, nietos y sobrinos lleguen a este mundo en un contexto más favorable de dignidad, de formación integral, de condiciones materiales y de ideas esperanzadoras y motivadoras para crecer cada vez más como mejores personas para un mundo mejor.

Al fin y al cabo, como nos desafió en las diversas visiones de la existencia el filósofo francés, Albert Camus, “la vida es la suma de todas (nuestras) elecciones”.

*Rector UNAD

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por Jaime Leal Afanador
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