Máquina de tiempo

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Resumen

El novelista, atrapado en un mundo de insomnio y caos, enfrenta la rotura de su máquina de escribir. En un instante trágico, ve cómo el tiempo se detiene y sus sueños se aferran a su pluma como último recurso para plasmar el amor perdido en un capítulo eterno.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Claudio Valdivieso
Máquina de tiempo

El novelista soñaba una nueva historia; diferente, sin tragedias, sin estorbo de los malestares del trabajo y el hambre, en verdadera paz. Por esto lo señalaban, por las supuestas alucinaciones que aparentaba.  Ese día creyó tener todo a la mano para escribir y de paso enviar un mensaje codificado a ella, su bonita, quien sería la única que podría interpretarlo.

En medio de la oscuridad confundió la penumbra, el sol y la noche con el tiempo. Había despertado poco después de desvelarse, no durmió, solo era otro día más en vela, desconocía si era la hora de acostarse o levantarse y continuar con el capítulo que lo indujo al insomnio. 

El novelista salió de su cama más temprano que de madrugada, miró el reloj y estaba detenido; la luna, pasaba sin afanes y el sol retrasó su itinerario; sin conciliar el sueño, intentó dormir rodeado de confusión entre el tiempo y la oscuridad. En el fondo del termo ya se veía la implosión de café deshidratado.  Buscando en el desorden del escritorio unas notas, su gran amiga, la vieja y pesada máquina de escribir resbaló al suelo. El teclado, el carro, el rodillo y la palanca de retorno volaron fragmentadas tras el ruidoso impacto que terminó por contrariar la paz de su alucinante capítulo.  

Cuchareó de las entrañas del frasco el cuncho de café hasta reventarlo contra el piso por las cosquillas al exprimir su vientre. Esto no puede suceder al mismo tiempo, ¡por Dios!   Con el piso lleno de esquirlas del frasco y café intuyó que algo no estaba bien. ¡Eureka! Encendió un transistor de pilas para escuchar otra voz diferente a la de sus pensamientos y de paso orientarse en el tiempo. 02:00AM

El reloj de pulso lo había recibido de su bonita como símbolo del tiempo que pasaban, del olvido que seremos, y del amor que se vive justo en el tiempo, aunque la maquinaria del aparato no calcule la distancia de los sueños. Así es el tiempo y la distancia del amor.    

Con la máquina convertida en escombros, sin café, y el reloj inmóvil, el poeta creyó que las manecillas podían quedarse durante la vida en la misma hora, pues él se detiene, pero los sueños no; la máquina de escribir, su amiga, ya no lo hace y cuando pudo hacerlo escribió un capitulo de amor que el tiempo jamás borrará.

Volver a empezar, escribió el poeta con un lapicero tartamudo sobre uno de los poemas que su bonita jamás leyó, porque la avaricia del tiempo no le concedió para retroceder la hora que jamás debió llegar. Esta vez, el tiempo no sirvió, y el reloj de pulso al detenerse marcó la hora exacta, ahora, solo sirve para pisar los poemas pendientes por terminar, aunque su vieja maquina falleció de golpe, sin derecho a un espacio en la antigüedad.

La vieja amiga se fue sin arrastrar los sueños del poeta, y las letras por escribirse las elegirá el tiempo a través de la distancia.   

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por Claudio Valdivieso
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