Maltratados y sin amparo
Resumen
El artículo denuncia décadas de maltrato y acoso laboral contra corresponsales y periodistas santandereanos, especialmente desde los medios de Bogotá, en medio del conflicto armado y la presión por primicias.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
El mundo y su acción comunicativa poco a poco se llena de titulares y de relatos cortos, también es corta la memoria ciudadana, que sus lecturas matutinas son de escándalo políticos, familiares y sexuales, pero hay situaciones que definitivamente no se pueden normalizar, naturalizar la violencia y los abusos se está volviendo costumbre; hace pocas semanas, el mundo noticioso se escandalizaba porque al parecer, dos reconocidos presentadores de un canal de televisión, se aprovechaban de su posición de poder y acosaban laboralmente a varias presentadoras de su canal, es un tema que me da vueltas en la cabeza, por eso me tome mi tiempo para escribir sobre el tema.
Tal vez la gente piensa que los abusos y extralimitaciones de algunos jefes de medios de comunicación, solo se dan en la capital del país, en el año 98 con la llegada de los canales privados, la presión y agresión en contra de los corresponsales de televisión eran el pan de cada día, la pelea entre los canales privados convirtió a la corresponsalía en una carnicería.
En la época del “Nene” del EPL una periodista santandereana llevaba su carro por los territorios de Santa Cruz de la Colina, era la época donde secuestraron a un miembro de la familia Tamayo, en las montañas de Soto Norte se desató un torrencial aguacero, a la periodista le tocó dejar su carro abandonado, cuando regresó la guerrilla se lo había tirado al abismo, igual tenía que llegar con la noticia y el material a las 7 de la noche a Telecom del barrio la Joya, porque no solo se quedaría sin carro, también sin trabajo.
En otra ocasión, la transmisión de los partidos de eliminatoria del Mundial del 98, se hacían por el Canal Uno, el intermedio del partido era el noticiero de televisión que duraba 15 minutos, la corresponsal estaba cubriendo un hecho de orden público en Barrancabermeja, cuando llegó con un casete ¾, que tenía 15 minutos de grabación, el mensaje cariñoso del jefe de corresponsales del noticiero fue, “dígale a esa hijueputa periodista que se vaya a lavar quesos a una plaza de mercado, como se le ocurre traerme 15 minutos de material, si el noticiero es de 15 minutos por el partido”.
Los corresponsales de TV en Santander, hombres y mujeres no solo estaban sometidos a la violencia verbal, también a costa de su vida, debían conservar el trabajo, la obligación era la de si o si, traer una noticia que no permitiera que el otro canal privado los fuera a ‘chiviar’.
Un hecho que partió en dos la historia del Magdalena Medio Santandereano, fue la masacre del 16 de mayo del 98 en la ciudad de Barrancabermeja, son cientos de historias en la que los corresponsales debían meterse Serranía de San Lucas adentro, por exigencia de sus jefes en el noticiero, obligaron a un corresponsal a traer una noticia en un territorio controlado por por el Bloque Central Bolívar, cuenta la historia que el periodista se bajó de su carro, hizo una oración y con cámara en mano fue monte adentro a buscar la declaración del comandante de la zona, gracias a esa declaración, decretaron un paro armado por varias semanas, todo por el acoso laboral de Bogotá.
Tal vez estas historias se escuchen como anécdotas, puedo decirles que fui testigo presencial de varias de ellas, que no termina siendo la reconstrucción de la memoria histórica del conflicto armado en el oriente colombiano, es parte de la gran historia que aún no ha sido contada, del maltrato y acoso laboral al que por décadas han sido sometidos corresponsales y periodistas Santandereanos.