Llegó el poder
Resumen
El artículo explica la complejidad de las elecciones a la Cámara en Santander, donde 13 listas compiten por 7 curules. Destaca el desafío de superar el umbral del 50% del cuociente electoral para obtener representación.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
A pocos días de las elecciones, el panorama político en Santander se torna cada vez más intenso, especialmente entre quienes aspiran a convertirse en los próximos Representantes a la Cámara por el departamento. Sin embargo, la competencia no parece centrarse tanto en los integrantes de otras listas, sino en uno o varios de los candidatos que integran sus propias colectividades, entendidas estas como partidos políticos o coaliciones electorales.
En el tarjetón aparecen inscritas trece listas, correspondientes a ocho partidos y cinco coaliciones: dos listas cerradas y once listas abiertas. Estas últimas cuentan, en algunos casos, con dos o más candidatos que aspiran a ocupar alguna de las siete curules que, por Ley, le corresponden al departamento. En ese contexto, resulta importante, en primer término, aclarar cómo funciona la elección a la Cámara de Representantes.
De conformidad con el artículo 176 de la Constitución Política, por cada uno de los treinta y dos departamentos y por el Distrito Capital se eligen dos representantes, independientemente de su población. A partir de allí, se asigna un representante adicional por cada 365.000 habitantes. Si, luego de contar varias veces esa cifra, existe un remanente poblacional superior a 182.500 habitantes, dicho excedente también da derecho a un representante adicional. Cabe resaltar que la distribución de representantes continúa realizándose con base en el censo de 1985, que sigue siendo el censo oficial vigente, debido a que no se llevó a cabo la adopción legislativa del censo de 2018. En consecuencia, Santander mantiene siete curules, pese a su notable crecimiento poblacional.
Ahora bien, las colectividades se disputan la obtención de esas curules y, aunque podría pensarse que algunas cuentan con la suficiente fortaleza electoral para obtener fácilmente más de una, esta idea se encuentra bastante alejada de la realidad. Ello obedece a que, al contar Santander con más de dos curules, tanto los partidos políticos como las coaliciones electorales deben superar un umbral equivalente al 50% del cuociente electoral. Me explico.
Después de superar el umbral
Tomemos como ejemplo las elecciones a la Cámara por Santander en 2022. En primer lugar, se calcula el cuociente electoral, que resulta de dividir el total de votos válidos entre el número de curules a repartir. Ese año se registraron 803.872 votos válidos y siete curules, lo que arrojó un cuociente de 114.839. A partir de este se fija el umbral, que corresponde al 50% del cuociente y representa el mínimo de votos que debe alcanzar una colectividad para poder participar en la asignación de curules, esto es, 57.419 votos. Las colectividades que no alcanzan dicha cifra quedan por fuera de la repartición.
Una vez superado el umbral, se aplica la cifra repartidora, que es el mecanismo que define cuántas curules obtiene cada colectividad. En términos simples, se ordenan de mayor a menor las votaciones de aquellas que superaron el umbral y, dado que hay siete curules, se toman los siete valores más altos. El menor de estos siete valores es la denominada cifra repartidora, que en ese momento fue de 75.458, correspondiente a la votación del Pacto Histórico, y que marcó el límite. Esto implica que, para obtener una curul, una colectividad debía superar esa cifra y, para obtener dos, el doble de esta, es decir, 150.916 votos, y así sucesivamente.
Con base en ello, la Liga, con 166.908 votos, obtuvo dos curules, mientras que el Conservador, el Liberal, el Centro Democrático, el Verde y el Pacto Histórico obtuvieron una curul cada uno, al no superar los 150.916 votos necesarios para acceder a una segunda. Finalmente, una vez definida la cantidad de curules por colectividad, se determina quiénes las ocupan según el tipo de lista: en las listas abiertas ingresan el candidato o los candidatos con mayor votación, mientras que en las listas cerradas se respeta el orden previamente establecido.
En ese sentido, puede concluirse que resulta muy difícil que una sola colectividad alcance más de una curul, pues ello incluso puede depender de coyunturas específicas. En 2022, por ejemplo, la Liga se vio favorecida por ser el partido político de uno de los candidatos presidenciales más fuertes de ese momento.
Por último, sería irresponsable de mi parte señalar mis preferencias sobre quiénes quisiera que ocuparan esas siete curules. No obstante, como parte del ejercicio democrático de la proyección electoral, considero que cinco de ellas irían a los partidos políticos que actualmente cuentan con mayor fuerza en el departamento: Liberal, Conservador, de la U, Centro Democrático y Verde (en coalición con En Marcha). Las dos curules restantes podrían repartirse de la siguiente manera: una para los partidos “alternativos”, como el Pacto Histórico o la Liga, y la otra para que alguno de los partidos con candidatos fuertes —como el Liberal o de la U— repita, o para que, por cuestiones de suerte, alguna coalición, como la de Cambio Radical o la de Avanza, logre quedarse con ella.
Finalmente, es casi seguro que todos, en algún momento del calendario electoral, hemos escuchado a más de uno que otro candidato acompañar sus publicaciones e historias en redes sociales con la canción ‘Bacano’, de Silvestre Dangond, como un supuesto símbolo de fuerza y triunfo político. Sin embargo, las elecciones del próximo domingo 8 de marzo estarán marcadas por tensiones entre grupos, partidos y, por qué no, familias políticas; pero, sobre todo, por candidatos que no podrán seguir cantando que “Llegó el poder”.
*Estudiante de Derecho y Ciencia Política de la Universidad de los Andes - Miembro de Congreso Visible