Gigantes corruptos le tienen terror a un ‘Pitufo’ en Colombia
Resumen
El caso de alias Papá Pitufo revela una nueva forma de narcotráfico en Colombia: corrupción institucional, contrabando y lavado de dinero para capturar al Estado.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
El caso de Diego Marín Buitrago, conocido como alias ‘Papá Pitufo’ no abre una historia nueva, sino que desnuda uno de los periodos más peligrosos a del narcotráfico en Colombia.
Durante décadas, el país aprendió a reconocer al capataz armado, al jefe de cartel, al patrón que financiaba campañas desde Medellín, Cali o el Norte del Valle, desde las sombras o con desafiante actividad pública.
Hoy la amenaza tiene otro rostro y es el de un lavador de dineros ilícitos, y hábil contrabandista que compra funcionarios, invade aduanas, distorsiona la contratación pública y convierte al Estado en instrumento de legalidad aparente para negocios criminales.
Esa mutación importa más que el escándalo de turno. En los años ochenta y buena parte de los noventa, del Siglo XX, la política recibió dinero caliente de grandes estructuras que buscaban influencia directa en la estructura de todas las esferas del Gobierno.
Esas transacciones corruptas se hacían en grandes capitales como Cali y Medellín o ciudades intermedias del norte del Valle del Cauca. Luego, la presión estatal desplazó el centro del negocio hacia territorios rurales y ciudades intermedias.
Las Farc, las Auc y otras organizaciones disputaron cultivos, laboratorios y rutas. Más tarde, la desmovilización parcial de esos ejércitos alteró la ecuación, pero no la extinguió. El narcotráfico dejó de depender de grandes aparatos armados para concentrarse en una división del trabajo más rentable y discreta.
Allí apareció el poder de los lavadores. Ellos no necesitan dominar municipios con fusiles ni exhibir banderas de guerra. Les basta el control del contrabando, la contratación, las aduanas, la logística y contar con la protección policial, de grandes corruptos y de la burocracia.
Allí es donde emerge alias ‘Papá Pitufo’. Su fuerza no nace del territorio sino de la corrupción institucional. Su capacidad de daño resulta mayor porque corrompe al Estado desde adentro, sin ruido, con contratos, nombramientos y favores. En ese punto, la democracia queda expuesta a una forma de captura menos visible y más difícil de castigar.
Pero cuando las manos de la Justicia estuvieron a punto de atraparlo, emergieron raudas y efectivas las figuras del abogado Abelardo de La Espriella y del expresidente Andrés Pastrana Arango para hacer destituir al General Juan Carlos Buitrago, en ese entonces Comandante de la Policía Fiscal y Aduanera, POLFA, quien tenía de la barba a ‘Papá Pitufo’.
La tarea de defenestrar el General Buitrago la hizo el expresidente Iván Duque Márquez y el criminal escapó del país y ante su posible extradición tiemblan los gigantes corruptos que tienen terror a que ese ‘Pitufo’ prenda el ventilador y empiecen a rodar ‘vacas sagradas’ en Colombia
Colombia ya conoció el peligroso peso electoral de los carteles, luego el de la parapolítica y las Farc. Hoy enfrenta otro tipo de contaminación, menos espectacular, pero igual de corrosiva. La democracia no se defiende sólo contra los fusiles. También se defiende contra el criminal que compra el Estado con dinero mal habido, cohechos y silencio.