Fe de erratas

Resumen

En Colombia, el periodismo enfrenta la interferencia del control gubernamental y las redes sociales, alterando la verdad con mentiras. La ética profesional se ve comprometida, y algunos abandonan la profesión por no aceptar condiciones deshonestas. La crítica es vista como antiperiodismo.

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by José Oscar Fajardo
Fe de erratas

                                           

Yo no estoy en contra de los periodistas, puesto que lo soy, y con título universitario de Comunicador Social-Periodista. Yo no hablo mal de los periodistas. Yo lo que hago   es   enjuiciar   profesionalmente   a   ciertos   periodistas   que   despedazaron   la profesión.

Por: José Oscar Fajardo      

En Colombia hay comunicadores dignos alumnos de Kapucisnski, que son muchos. Sé que ustedes saben quién es Ryszard Kapuscinski. Otros, por lo general empíricos, que son una verdadera arteriosclerosis del periodismo. Muchos de ellos, como son empleados de emisoras de radio y de televisión de carácter privado, pues se ven obligados, no sólo a cumplir con el contrato de trabajo y con el reglamento interno de la empresa, que es una obligación contractual. De hecho, es situación admisible porque son profesionales asalariados que de allí devengan su sustento, condición perdonable por obvias razones.

No obstante, debo mencionar que existen, contra viento y marea, Juanes Gossaínes en los que primero está su ética profesional, aunque no en un cien por ciento, pero sí de un gran respeto por la profesión. También debo aclarar que el periodismo puro, la información sana, democrática y verídica en un gran total, sólo existe en la teoría porque el periodismo, por su enorme fuerza e influencia social, en lo bueno, en lo malo y en lo feo, no se da ni siquiera en las novelas de vaqueros de Marcial Lafuente Stefanía.

Los Estados y sus gobiernos controlan el poder que subyace en las comunicaciones, ya sea mediante las leyes elaboradas por ellos mismos, o de otra manera, a punta de fusilazos. Con la eliminación de las tarjetas profesionales de periodismo, Art 20 de la C. N. y con el advenimiento de las Redes Sociales, hoy cualquier badulaque, zoquete o babieca, puede ejercer el “Derecho a la información”, inmerso en un sirope de bestialidades, mentiras, falsedades y calumnias que sólo conducen a empeorar la situación social que vive el país.

Aceptado. Lo que no tiene cabida en ningún código ético, es que un periodista, sobre todo con títulos profesionales en múltiples disciplinas, intelectuales autores de textos literarios o de ciencias humanas, columnistas que manejan opinión y que gozan de credibilidad y tienen seguidores, tergiversen la información, y en el más aberrante de los casos, que inventen dicha información. Que le endilguen delitos y crímenes a una persona que no los ha cometido. Que envenenen la gente con mentiras. Que le metan candela al país a la pata de una paga que, en el mejor de los casos, nunca les alcanza para nada.

Para completar la mazamorra de desgracias, toda la gente, pero sobre todo la gente del común cree ciegamente en lo que digan los medios de comunicación, y con una gran tajada, lo que diga la televisión. Eso es palabra de dios para ellos. Conozco también a una buena suma de periodistas, con títulos profesionales o no, que debieron abandonar la profesión porque les fue imposible moralmente, aceptar las   condiciones deshonestas y depravadas de directores de noticieros. Por este análisis que les estoy entregando por escrito es que muchos colegas me tildan de hacer antiperiodismo, y que soy “castrochavista”. Entre otras cosas este término, castrochavista, me produce risa por lo rimbombante y por lo estrambótico, Por lo cursi y rocambolesco. Me suena como a personaje de El Chavo del ocho. ¿Es eso, odio o mentira?

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por José Oscar Fajardo
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