El Cañón del Chicamocha
Resumen
El Cañón del Chicamocha conserva huellas de un pasado de cientos de millones de años, revelando la transformación constante del territorio.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)Un paisaje que desafía nuestro limitado sentido del tiempo. Los paisajes terrestres y las formas de vida que en ellos medran, son entidades en permanente transformación y cambio. El propio cosmos, del cual hacemos parte, también experimenta cambios constantes. Un vistazo a nuestra realidad abiótica y biótica, desde el lente de la breve vida humana (y desde la experiencia observacional diaria), no parece mostrar con contundencia esa afirmación. Sin embargo, la acumulación de ingentes evidencias científicas ha permitido superar ya esa antigua y equivocada noción de una realidad fija e invariable.
Ese cambio de noción nos permite concluir que los seres humanos interpretamos y reinterpretamos nuestro entorno, a la luz de la evolución del conocimiento, el cual ha tenido como telón de fondo una concepción contraintuitiva que, constantemente, desafía nuestro limitado sentido del tiempo.
El Cañón del Chicamocha es un paisaje natural, en el cual podemos reconocer las huellas de las transformaciones y los cambios que ha experimentado nuestro territorio con el transcurrir del tiempo. Esas huellas representan vestigios de mundos pasados y las raíces profundas de nuestro presente. En ese sentido, merece la pena evocar los pasados artículos de opinión publicados por esta misma casa editorial (con fechas: noviembre 2 de 2025 y febrero 6 de 2026), en los cuales se hizo referencia a las huellas que, en el cañón se reconocen, relacionadas con los albores de los mundos Cretácico y Jurásico.
Y siguiendo esta misma línea, aquí se amplía esa narrativa geohistórica, mediante la incorporación de una referencia breve sobre las huellas de un mundo aún más antiguo, de 480 millones de años de antigüedad, correspondiente a un periodo de tiempo denominado Ordovícico. Los vestigios de ese mundo pasado, observados en diferentes sectores del cañón (por ejemplo, en Aratoca, concretamente donde se erige PANACHI), están representados en rocas que, para ese tiempo, se encontraban muy calientes, a profundidades en torno a 25 kilómetros, coincidiendo con la formación de una antigua cadena montañosa (configurada en respuesta a la tectónica de las placas litosféricas del momento), desvanecida millones de años después. Y aquí vale la pena señalar que, antes, esas mismas rocas se encontraban cercanas a la superficie terrestre. Su progresiva profundización generó transformaciones y cambios internos, los cuales han servido de indicadores para reconstruir su historia.
A manera de analogía, podemos imaginar esa historia de profundización de esas rocas, y su regreso a la superficie, como una ‘masa de pan’ que se pone en un horno caliente, y posteriormente se regresa ya modificada (‘pan horneado’) a su sitio de partida. Siguiendo ese símil, podemos decir que, con anterioridad a los 480 millones de años, existían unas rocas sedimentarias que sufrieron calentamiento en profundidad, transformándose en otro tipo de rocas denominadas “metamórficas”.
Ampliar la noción del territorio, mediante la incorporando de su historia abiótica, biótica y cultural, ofrece nuevas oportunidades para una gestión más funcional del mismo, mediante una participación activa de sus comunidades.
*Luis Carlos Mantilla. www.teatrosantander.com