Desbordados por la emergencia ambiental

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Resumen

Las inundaciones en Córdoba resaltan la incapacidad del estado para enfrentar desastres. Sin un propósito claro de desarrollo y con líderes de miras cortas, Colombia sufre las consecuencias de la falta de competencias y planificación a largo plazo.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Carlos Tobar
Desbordados por la emergencia ambiental

Llevamos más de una semana viendo imágenes sobrecogedoras de las inundaciones en el departamento de Córdoba y sus alrededores. Cerca de 100.000 colombianos, la mayoría humildes, de bajos ingresos, que han perdido el trabajo esforzado de varias generaciones por ver de tener una vida digna.

Los cuadros que muestran los medios de comunicación son desgarradores. Sobre todo, por la impotencia frente a la desgracia. Destaca la incapacidad del estado, sobre todo del nivel nacional que, es evidente, ha sido desbordado por la magnitud del desastre económico, social y ambiental.

Era una tragedia esperada. Por muchos años, la ocupación del territorio la hemos hecho los colombianos sin comprender la naturaleza. Un país con una conformación geográfica tan particular de tres cordilleras que surcan de sur a norte ese territorio, abriendo valles surcados por infinidad de ríos, riachuelos, quebradas, humedales, hacen que esos usos históricos estuvieran debidamente estudiados y comprendidos.

No ha sido así. Nuestro principal problema ambiental hoy es la deforestación. Muchos estudios han señalado esa falencia que sigue agudizándose con el paso del tiempo, sobre todo por la necesidad de encontrar un espacio vital para millones de colombianos que no tienen como garantizar sus necesidades más urgentes.

Nuestra gran carencia es la falta de un propósito nacional de desarrollo. No sabemos, ni queremos saber qué podríamos ser en el concierto mundial de pueblos y países como una sociedad moderna, autosuficiente y soberana.

Tal vez, este problema ambiental que se ha vuelto recurrente en las últimas décadas nos desnuda. Cuando no es invierno despiadado, son los veranos inclementes los que nos pasan factura. Cobros de cuentas que nos cuestan vidas y damnificados que se acumulan por millares. Pasa una y otra y otra en una sucesión sin fin, pero no aprendemos. Es como si estuviésemos condenados a volver a empezar.

En el sistema político que hemos construido esta buena parte de la explicación. Los gobiernos que elegimos son todos de miras cortas. Son aves de corto vuelo. Nuestros dirigentes se miran “la punta de los zapatos”. Su proyección como dirigentes no va más allá de las próximas elecciones, porque en eso les va su supervivencia.

 Si no sabemos que queremos ser, menos somos capaces de planear a largo plazo. Eso exige otra clase de liderazgos donde el saber, los conocimientos, las capacidades del pensar y el hacer estén entre sus habilidades. Con esto quiero decir, de manera tajante que, para ejercer los cargos de responsabilidad en los gobiernos nacional, regional o local, es imperativo establecer competencias complejas. Quien no las tenga, no puede ser elegido. Por una razón muy elemental: no cuesta mucho en desgracias, atraso y pobreza.

Hace unos años el Departamento Nacional de Planeación era un organismo que intentaba trabajar por la planeación de largo aliento del país. Lo poco que se había avanzado, se perdió. Hoy da vergüenza. ¿Han oído ustedes la voz de esta institución en esta tragedia?

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por Carlos Tobar
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