Cobarde acción de grupos armados al usar niños como escudos en la guerra

Resumen

Los bombardeos en Colombia que acabaron con la vida de quince menores evidenciaron la incapacidad estatal para proteger a la infancia del reclutamiento forzado y suscitaron un debate sobre la proporcionalidad y la necesidad de replantear la estrategia militar.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Editorial profile image
by Editorial
Cobarde acción de grupos armados al  usar niños como escudos en la guerra

Los bombardeos realizados por el Ejército Nacional en distintas zonas del país y que acabaron con la vida de quince menores dejaron al país frente a una herida ética imposible de suturar.

Esa operación militar mostró la incapacidad del Estado para proteger a la infancia del reclutamiento cobarde que realizan grupos criminales dedicados al narcotráfico y explotación de otras economías ilícitas.

Los hechos ocurridos durante un operativo contra la estructura comandada por ‘Iván Mordisco’, en el que las autoridades confirmaron la muerte de siete niños entre las víctimas y más de una decena de combatientes dados de  baja, entre ellos varios niños.

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, asumió la responsabilidad por la acción y explicó que el objetivo era proteger a soldados que habrían enfrentado una emboscada, argumento que generó debates públicos sobre proporcionalidad y diligencia en la recolección de inteligencia.

La muerte de menores en contextos de reclutamiento forzado constituyó una derrota moral. Colombia acumuló fallas en prevención, en política social y en controles operativos que permitieron que bandas y disidencias utilizaran a la niñez como instrumento de guerra.

Esa doble victimización, reclutamiento forzado criminal y exposición letal, remeció a la opinión pública y obligó a reexaminar supuestos de estrategia militar que el país había aceptado como inevitables.

No bastaron los argumentos de urgencia para neutralizar la exigencia mínima de protección de la vida. La respuesta estatal se mostró desordenada en varios frentes, sin planes preventivos insuficientes, fallas en el intercambio de información y ausencia de protocolos claros que priorizaran la evacuación o la captura selectiva cuando existieran señales de presencia de menores, porque cada una de esas omisiones tuvo un costo humano irreversible.

Aquí hay dos cosas claras que hay que remarcar, por un lado, está la cobarde acción de los grupos armados al usar niños como escudos en la guerra, y por el otro demandar verdad, claridad operativa y reformas que impidan que la niñez pague su vida la incapacidad institucional.

La tragedia de estos  bombardeos dejó una consigna incómoda, y es que la seguridad, así sea en maniobra defensiva, que no protege a los más vulnerables no puede ser celebrada como victoria.

Sin acciones urgentes, la memoria de esos quince menores habría quedado como testigo de una responsabilidad colectiva que nadie quiso asumir plenamente, porque en Colombia desde un lado se azuza la guerra, desde otro se clama por la paz, pero desde el exterior se alimentan los dos frentes, a cara o  sello, porque los réditos económicos  que dejan las dos corrientes son inmensos para unos pocos, a quienes no les importa la vida humana y están rendidos ante el dios dinero.

La disyuntiva entre bombardear o no es enorme. Si no se bombardea, continuará el detestable reclutamiento de niños para usarlos como escudos, y si se tiran las bombas, la inexorable muerte de los menores será inevitable en una guerra que jamás pidieron pelear.

Editorial profile image
por Editorial
📰

Suscripciones Digitales

Accede a nuestras ediciones digitales y contenido exclusivo

Ver planes de suscripción
o recibe nuestro boletín gratuito

¡Listo! Revisa tu correo

Haz clic en el enlace de confirmación para completar tu suscripción.

Leer más