Caos incitado por Donald Trump en el mundo fue inteligentemente calculado
Resumen
La estrategia de Trump al declarar la guerra en Oriente Medio elevó el precio del petróleo, beneficiando a EE.UU. a expensas del resto del mundo. La crisis energética resultante obliga a los países a diversificar sus fuentes y reforzar tecnologías nacionales.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
El tablero internacional registra una sacudida ya conocida porque es la constante cada vez que Estados Unidos decide declararles la guerra a cualesquiera países del Oriente Medio, sobre todo si esa guerra bloquea la extracción de petróleo y dispara el precio del barril a cantidades estratosféricas y pone de cabeza la economía mundial.
Ese caos incitado por Donald Trump en el mundo fue inteligentemente calculado y comenzó con la extracción de Nicolás Maduro de Venezuela con la intención de llevarse gratis el petróleo, pero les dejó el régimen que ha destruido al país vecino.
La jugada maestra radica en que Trump provee de petróleo gratuito a su nación mientras el resto del planeta sufre por la disparada del precio del crudo y los costos de transporte y refinación
Declararle la guerra a Irán tenía riesgos enormes como que cierren el Estrecho de Ormuz por donde pasa el veinte por ciento de la producción de crudo del Medio Oriente, pero Trump ya había asegurado el surtido de su país con el que se lleva de Venezuela, además, la reciente movilización coordinada de reservas estratégicas revela la magnitud de su jugada sin que le importe la crisis energética global.
Una decisión conjunta de países miembros de la Agencia Internacional de la Energía dispuso la inyección de 400 millones de barriles para aliviar la escasez por la interrupción de rutas clave y la pérdida de oferta.
Esta operación histórica no representa una solución permanente, sino una medida urgente para frenar el alza de precios y proteger economías vulnerables. Los gobiernos que dependen de importaciones enfrentan el doble reto de gestionar el shock inmediato y de construir defensas.
La dependencia excesiva de fuentes externas y la concentración de rutas logísticas configuran una vulnerabilidad estratégica. Europa y América, desde Groenlandia hasta Cabo Froward en Chile, necesitan diversificar proveedores, ampliar capacidad de almacenamiento y reforzar la producción nacional porque Estados Unidos puso a rodar la perinola y esta cayó en “sálvese el que pueda”.
El papel de los mercados no sustituye la responsabilidad del Estado cuando la estabilidad energética está en juego. Las decisiones políticas que alteran flujos comerciales tienen consecuencias directas sobre inflación, competitividad y empleo.
Las elites políticas y económicas del mundo deben cambiar prioridades y ejecutar transformaciones que fortalezcan la economía real. Si las democracias no adoptan medidas firmes, la factura recaerá sobre poblaciones, salarios, ahorro y servicios públicos.
Les corresponde a todos los Gobiernos sensatos actuar con urgencia, honrar la responsabilidad colectiva y transformar la estrategia energética en una garantía inatacable para las generaciones presentes y futuras.
El momento de las decisiones es ahora. El mundo no puede seguir impávido, sometido y enganchado a la inacción, por temor a un Presidente cuya única meta es demostrar su poderío sobre todos los países, basado en que, si no caza una guerra, se aburre.